En las tierras mediterráneas la luz solar ilumina las fachadas que muestran sus formas con especial intensidad en contraste con el azul del cielo y el mar.  Así, en las áreas junto al océano, las construcciones buscan crear un ambiente fresco en su interior durante el verano.  El color blanco que refleja la luz natural, es generalizado en muchas zonas de la isla.

La arquitectura en Mallorca, juega con los colores naturales que ofrecen elementos como la piedra natural de marés, presente en numerosas construcciones mallorquinas, o la piedra de ripio en la montaña. Tradicionalmente el blanco se coloreaba con ocres y aparecía el azul en la decoración con la creencia que espantaba a los demonios y el sobrante de pintura de las barcas, daba color a los pueblos pesqueros.

Hoy en día, los colores de las viviendas mallorquinas lucen colores meramente decorativos, con predominancia de los tonos pastel.